Marie-Madeleine, 99 años: avanzar a pesar del Parkinson

Una vida marcada por la guerra, la generosidad y la hospitalidad


La historia de Marie-Madeleine está profundamente arraigada en un contexto histórico difícil, la Segunda Guerra Mundial.
Durante su adolescencia, se vio obligada a abandonar su ciudad natal de Vervins, en Picardía (Francia), devastada por la guerra, para refugiarse primero en Mayenne y posteriormente en la región de Deux-Sèvres. Christian relata: “A los catorce años vivió el éxodo, los bombardeos y las carreteras cortadas. Este triste recorrido no estuvo libre de atrocidades.”
Incluso después de regresar en 1941 a una casa saqueada, los años siguientes siguieron marcados por la inquietud y la tensión. El estrés y los bombardeos permanecieron presentes hasta el final de la guerra.

(Muchos estudios confirman hoy que el estrés postraumático, especialmente el ligado a experiencias de guerra, puede favorecer la aparición de la enfermedad de Parkinson.)

Sin embargo, esos años difíciles también forjaron en Marie-Madeleine una forma de resiliencia que aún hoy la ayuda a enfrentar la enfermedad con valentía.
A pesar de estas experiencias, aprendió a encontrar alegría en la vida. “Recuerdo a mi madre como una mujer llena de energía: costura, tejido, cocina y voluntariado en la Cruz Roja”, explica Christian.
“Además tenía un corazón generoso y, aunque nuestros recursos eran limitados, nuestros amigos podían unirse a la mesa en cualquier momento, incluso sin avisar. Siempre había un sitio y siempre había una acogida cálida.”
Añade: “Trabajaba con música y le encantaba bailar. Una forma sencilla de vivir la alegría.”


Los primeros signos y el inicio de la enfermedad


Los primeros síntomas aparecieron como una marcha inestable y más lenta, con episodios de encendido y apagado. Después surgió la ansiedad y Marie-Madeleine comenzó a llamar a su hijo al trabajo, “algo que nunca hacía”, cuenta Christian.
En ese momento sintió crecer el temor de no poder seguir tejiendo, haciendo ganchillo o escribiendo. “Nunca tuvo temblores, pero notaba que sus manos eran menos precisas”, recuerda Christian.
Su letra se volvió muy pequeña e ilegible y en ocasiones aparecieron ligeras dificultades en el habla.

El diagnóstico oficial llegó en 2012 y el tratamiento antiparkinsoniano comenzó a principios de 2013. Una logopeda y una fisioterapeuta acudían cada semana.
Al jubilarse en 2014, Christian tomó una decisión importante: “ponerme completamente a disposición de mi madre.”
Creó a su alrededor un ambiente marcado por la suavidad, la atención y una vigilancia constante.


El descubrimiento de AtremoPlus en 2017


En enero de 2017, una fractura de fémur cambió todo. Siguieron dos meses y medio de hospitalización y Christian iba cada día de 11:30 a 20:00 horas. “Había rehabilitación para caminar, pero no era convincente”, recuerda. “Busqué productos que apoyaran la producción de dopamina y así descubrí AtremoPlus.”
Christian explica: “Le di AtremoPlus a mi madre cuando regresó del hospital y en pocos días se mantenía mucho más erguida y caminaba con un andador de manera correcta. Tenía 91 años.”

La alegría y la esperanza volvieron a su día a día y los profesionales sanitarios también notaron un cambio real y rápido.
“La fisioterapeuta, que ya venía antes, se sorprendió al ver los avances que había hecho mi madre en dos semanas. Se veía claramente que se sentía más tranquila. Tomaba una dosis completa el día en que venía la fisioterapeuta, mezclada una hora y media antes.”

Para Christian fue un momento de alivio. Encontró a su madre más estable, más tranquila y un poco más cercana a la mujer que había sido antes.
Estas mejoras aportaron un respiro en un momento especialmente frágil.


Otra área en la que AtremoPlus resultó útil


Dos meses después apareció una distonía sensible a la dopamina, caracterizada por fuertes dolores en las piernas.
Por la noche, Christian debía levantarse cada tres horas para administrarle un medicamento con L Dopa sintética. “Fue un periodo muy duro”, comenta.
“Me costaba mantenerme de pie durante el día. Esto continuó hasta que mi madre recibió una inyección y un medicamento que contenía L Dopa y Carbidopa por la noche. Las noches mejoraron y tenía que levantarme un poco menos”, dice aliviado.

Durante el día, la distonía persistía y volvía a menudo hacia las tres de la tarde.
Christian probó un método simple, darle una dosis de AtremoPlus unos treinta minutos antes de la hora habitual del dolor. Para su sorpresa, funcionó.

Hoy Christian y su madre han encontrado un ritmo con dos dosis al día. No van más allá debido al presupuesto, aunque Christian señala que “el precio de AtremoPlus no ha aumentado desde 2017, lo cual es positivo.”
En la conversación, Christian nos confía que AtremoPlus les permitió reducir la cantidad de L Dopa sintética en un 50 por ciento, algo que nunca habían imaginado posible.


Un dúo profundamente humano


Este retrato muestra una relación madre e hijo llena de delicadeza. Una mujer marcada por la historia, pero que sigue siendo vital y generosa. Un hijo que, durante tantos años, observa, ajusta, investiga y acompaña.
Este retrato rinde homenaje a vidas que se entrelazan y se sostienen mutuamente.

Christian además es una persona muy amable, con quien hablamos a menudo cuando realiza sus pedidos. Siempre es un placer, porque en cada conversación se revela un hombre lleno de sensibilidad y cariño, tanto hacia su madre como hacia quienes lo rodean.
Su recorrido nos recuerda que, más allá de la realidad médica, siempre existe una historia humana.

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Este blog no está destinado a proporcionar consejos médicos. Si tiene preguntas médicas, comuníquese con su profesional de salud.

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